Aña

18 de agosto de 2011
Se va a Ñuñoa a pernoctar, al décimo piso y abre la puerta gris con sus llaves. Las maletas están intactas aún desde el fin de semana pasado. Todo está tal cual lo dejaron, ella quería estar ahí para ordenar las cosas junto a él; en el dormitorio pequeño se ve ya una cuna desarmada que él compró de forma apresurada por que la noticia lo transporto a otro mundo, toda una sorpresa para ella que aún se sentía confundida por todas las obligaciones que vienen.

"Si sigue a término es un milagro" sentenció el doctor tras leerle el examen de ella: "Te costará mucho el llevar un embarazo a término, hay un 80% de probabilidad de que éste, no llegue", pero ella está embarazada, un mes de gestación y solo a días de saberlo y de decirle a él, está muy confundida y muy asustada piensa en las clases, capacitaciones, cursos además del trabajo. Complicada situación para la pequeña y una gran alegría para él que la abraza y le besa el vientre cada vez que puede de forma

Entra al departamento y ve que en el sillón donde se recostaban a ver películas en blanco y negro estando tapados con un plumón, se encuentra lleno de pétalos de rosas blancas y en la mesa de centro una copa y una botella de vino tinto, al costado derecho de éste un vaso y un jarro de jugo natural de naranja. Ella voltea esperando que aparezca por la puerta principal del departamento "Lo de la cuna fue algo acelerado" pensaba una y otra vez mientras las manos le tiritaban.

Mientras inspeccionaba y miraba las flores con ternura no paraba de pensar en que lo que vivía le había pasado antes pero ahora no se sentía mal, ¿Por qué? se preguntaba hasta que un abrazo por la cintura y besos en el cuello la llevó nuevamente a la luna, era él que la abrazaba y la besaba, la miraba y reía y le regalaba un "te amo" al oído que la dejó congelada en el tiempo, ella le regaló un beso y una caricia en la mejilla; "Te amo pequeña, te amo cada día más"